August 14th, 2008 by lasecuencia
No entendía como no me había dado cuenta antes de la solución, me sentía eufórico y avergonzado de mi mismo a la vez, había estado perdiendo el tiempo yendo por el camino contrario, esos números que tenía delante de mí realmente no eran números, eran marcas, signos que indicaban un estado, de repente toda la secuencia de números se iluminó por completo, los ceros se volvieron rojos y los unos verdes convirtiendo la mesa en la que se desperdigaban las hojas, en una lluvia de luces que invadía los pocos resquicios mentales que me quedaban y los llenaba de tranquilidad. Simplemente marcas, todavía no tenía claro a que se referían pero por fin había conseguido encontrar la lógica dentro de esa maldita secuencia ilógica. Ya tenía claro el concepto, pero para resolverlo completamente necesitaba una pieza más del puzzle, necesitaba saber a qué hacían referencia esas marcas y para ello era preciso conocer su origen, de donde habían salido esos números y para qué debía investigar sobre ellos. Comencé a hacer preguntas sobre el origen de estas marcas pero ante mi asombro no obtuve respuesta alguna, era todo información confidencial que yo al parecer, no necesitaba conocer para resolver el problema. Por mucho que expliqué la situación no conseguí ni una sola palabra de nadie, pero en mi estado nada iba a impedir que yo resolviera la secuencia.
Una noche esperé a que todos se fueran, no le extrañó a nadie el hecho de que yo me quedara solo porque ya llevaba varias semanas durmiendo en el despacho. Bajé al subsuelo del edificio y me dirigí al archivo, allí estarían los datos que necesitaba. La puerta del archivo estaba cerrada y solo se habría con una contraseña introducida en un teclado que sustituía a la cerradura, esa clave solo la tenían un número reducido de personas en el edificio y por supuesto, todas esas personas eran altos cargos que bajo ningún concepto estarían dispuestos a darme esa clave. Mientras trazaba mentalmente un plan para conseguir la contraseña, recordé a alguien que si la tenía y seguro que me la podría proporcionar, mi charlatán compañero. En una ocasión tuvo que acceder al archivo y al tener tan buena relación con el supervisor, consiguió que éste le proporcionara la contraseña para que pudiera acceder sin ningún problema a la habitación. Sabía a ciencia cierta que la memoria no era una de sus mayores virtudes y seguramente tendría la contraseña apuntada en su almacén de notas importantes, que no era otra cosa que el nombre que utilizaba para referirse a una libreta donde apuntaba absolutamente todo lo que más tarde iba a olvidar sin remedio.
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August 9th, 2008 by lasecuencia
Al parecer los dos estábamos trabajando juntos en un nuevo proyecto llamado SEC2556 pero al que vulgarmente llamábamos la secuencia, el motivo de este nombre no era otro que el del mismo cometido de nuestra labor. El proyecto consistía en intentar descifrar el patrón de una secuencia interminable de números binarios, no teníamos ninguna premisa a seguir ni ningún estudio en el que basarnos, simplemente teníamos que coger la secuencia de números e intentar sacar información coherente utilizando algoritmos de cálculo que nosotros mismos íbamos desarrollando junto a otros programas que cruzaban datos. A nivel de programación era una misión bastante sencilla, pero a nivel matemático-lógico era el mayor reto al que yo me había enfrentado nunca. Recuerdo pasar muchas noches en vela repasando una y otra vez la larga lista de números binarios intentando que, como había visto en cientos de películas, alguna parte del papel se iluminara y me mostrara la solución, pero la vida real no es ni tan fácil, ni tiene tantos efectos especiales como el cine.
Después de un mes de trabajo en el proyecto, no había conseguido absolutamente nada, no tenía un patrón, no tenía identificada ninguna secuencia significativa, ni tan solo tenía una ligera idea de por donde abordar la situación. En el ámbito personal suelo ser una persona tranquila, no me inquieto por nada porque no hay nada que me interese lo suficiente como para prestarle verdadera atención, pero en el ámbito laboral tengo un serio problema, me encantan los retos mentales y las situaciones en las que tengo que forzar mi mente al máximo pero, cuando los resultados se retrasan me pongo bastante nervioso. Nunca en mi vida había dedicado tanto tiempo a algo sin haber llegado a nada, comencé a obsesionarme con esa maldita secuencia, no podía dormir pero tampoco podía pensar, me sentía atrapado en una celda de números que no me dejaba respirar. Mi obsesión llegó a un grado en el que perdí completamente la noción del tiempo, poco a poco mi mente se fue abstrayendo del mundo. Primero comencé a olvidar en qué hora me encontraba, más tarde los días del calendario pasaron a ser un número sin sentido y finalmente, cuando todo indicaba que acabaría mis días en un psiquiátrico acompañado de una camisa de fuerza y un camillero corpulento con traje blanco, sucedió lo que ni tan solo yo hubiera imaginado, conseguí que mi cerebro se centrara únicamente en esa secuencia de números, para mí no existía nada más que eso, no habían distracciones externas y todas mis neuronas comenzaron a trabajar juntas y en una misma dirección, fue como si mi mente funcionara al triple de su capacidad.
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August 4th, 2008 by lasecuencia
Un fuerte dolor en el pecho me hace recobrar la consciencia, abro los ojos y sigo estando en la habitación, tengo la cabeza empapada al igual que el suelo, supongo que intentaron reanimarme con agua pero finalmente el método tradicional volvió a ser más práctico. Parece que esta gente lo soluciona todo con la fuerza, no lo respeto pero he de reconocer que por el momento les va bien – ¿Ya vuelve a estar con nosotros la estrella invitada?- esa inconfundible voz es la de mi hasta hoy mejor amigo. Me incorporo lentamente ayudándome de un taburete cercano, y con el dolor del golpe todavía reciente intento empezar una conversación que me lleve a algún lugar, y espero que en ese lugar no vuelvan a golpearme – No te imaginas, mi queridísimo amigo, lo sorprendido y confuso que me tienes, aunque estoy seguro que no es la primera vez que me sorprendes ¿verdad?>-Hay mi querido blandengue, realmente solo tú eres capaz de olvidar todo lo que hemos hecho durante estos últimos días, solo por miedo a enfrentarte a lo inevitable.
- ¿Y qué es lo inevitable si se puede saber?
- Pues que yo voy a ser el hombre más poderoso del mundo gracias a ti y que tú vas a ser un huésped del cementerio gracias a mí.
- Llámame inconformista si quieres pero a simple vista no parece un trato muy justo, igual si me refrescas las bases del acuerdo me ayudas a entenderlo un poco.
- Pues para que veas que no te guardo rencor voy a contártelo todo de nuevo, aunque reconozco que no lo hago solo por ti, también lo hago por el gusto que me da recordar nuestro plan.
-¿Te importa si me siento mientras me lo cuentas?
- La verdad es que si que me importa, prefiero verte sufrir un poco mientras hablo.
- Estas muy puesto en el papel de malo malísimo.
- ¡Cállate y escucha!
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July 30th, 2008 by lasecuencia
Es un sensación extraña, diría incluso que es una especie de percepción extrasensorial, soy consciente que estoy inconsciente, una contradicción bastante imposible pero cierta al fin y al cabo. Hasta el momento sé que mi mente está bloqueando intencionadamente una parte de mis recuerdos. Por el devenir de los acontecimientos puedo deducir que el motivo del bloqueo es debido a una situación traumática en la que el nivel de estrés al que fui sometido salió victorioso en la lucha contra mi cerebro, pero el cerebro no es tonto y sabe reaccionar, ¿cuál es la mejor manera de asimilar una derrota? pues sencillamente olvidándola. En la vida real esta solución no es posible ya que los historiadores se encargan de recordárnoslo tanto a vencedores como a vencidos, pero en nuestro interior, allí los historiadores se pueden dar por jodidos. He de reconocer que si por mi fuera hubiera preferido continuar sin estos recuerdos, más ahora que aunque conozco solo parte de la historia ya sé que no quiero saber más, pero parece que el destino es muy caprichoso y se ceba más con los que no creen en él. Conforme voy ahondando en mis recuerdos van saliendo a la luz escenas inconclusas, de momento son recuerdos sueltos pero estoy seguro que en algún momento empezarán a entrelazarse entre sí.
Mientras mi cuerpo descansa en el suelo de una sucia habitación, mi cerebro no para de funcionar y recuperar el tiempo perdido, y nunca mejor dicho. A mi mente están volviendo una serie de recuerdos en forma de sueño, estoy en una especie de biblioteca y alguien me está hablando, no puedo escuchar lo que dice y todo está borroso, intento hacer un esfuerzo para ver que pretende decirme el subconsciente y centro mi atención en la persona que intenta hablar conmigo, es un anciano canoso que me resulta muy familiar, recuerdo su voz y sus gestos, incluso recuerdo su olor, una mezcla de polvo con almidón, lleva la típica bata blanca como de profesor de… un momento, ya sé quién es, ¡es el profesor!. Ahora empiezo a recordar, es el profesor del museo arqueológico, recuerdo que estos últimos meses he estado pasándome mucho por el museo por temas del trabajo, el proyecto en el que estaba trabajando me llevaba a consultar muchos libros y escritos de ese lugar. A fuerza de ir a pedir ayuda, debido a mi escasa práctica en este tipo de lugares, el profesor y yo acabamos entablando una cierta amistad. Recuerdo quedarme hasta bien entrada la noche en su despacho riendo y hablando junto a un vaso de algo que a él le gusta llamar licor, pero realmente se parece más al alcohol etílico. Pero ahora mismo no entiendo que relación podía haber entre mi trabajo y este lugar. Yo me licencie en matemáticas puras, aunque por diversos motivos acabe dedicándome a la programación como muchos otros compañeros. Mi trabajo consiste en analizar programas y depurar códigos de aplicaciones del estado, efectivamente trabajo para el gobierno, por eso mismo no entiendo ¿qué pinto yo en el museo?
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July 25th, 2008 by lasecuencia
Al fondo de la nave hay una especie de habitación, imagino que dentro estará esperándome el líder de esta especie de secta adoradora de los números y los trajes espaciales, aunque soy consciente de la gravedad del asunto, me produce una cierta sensación de vergüenza el hecho de ser secuestrado por una gente así, aunque conociéndome tampoco podía esperar que me secuestraran una banda de mujeres exuberantes adoradoras del sexo, esta gente se adapta mejor a mí. Después de recorrer toda la nave llegamos a la habitación y entramos, en el interior de la misma hay tres hombres a los que a partir de ahora llamaré los tres armarios, una estantería llena de archivadores, una mesa y un sillón. En el sillón hay alguien sentado pero está de espaldas a mí, a cada segundo que pasa crece la sensación de estar encerrado en una película de misterio de bajo presupuesto. Me quedo parado frente a la mesa y mi acompañante femenina empieza a hablar con el sillón:
-Ya está aquí de nuevo pero no se va a creer lo que ha pasado, seguramente le diéramos un golpe más fuerte de la cuenta pero el caso es que dice que no se acuerda de nada, parece que tiene lagunas mentales y… - en ese momento el hombre del sillón rompe su silencio y sin dejar terminar la explicación dice – ¿Por qué no me extraña? Siempre pensé que eras un tipo débil pero he de reconocer que no dejas de sorprenderme. – Esa voz no es la primera vez que la oigo, es más, si no fuera porque sé que es imposible juraría que esa voz es de… pero no puede ser, de repente empieza a dolerme la cabeza de nuevo, justo ahora cuando parecía que empezaba a entender las cosas. Me arrodillo en el suelo y mientras presiono con fuerza mi cabeza pregunto en voz alta -¿Quién eres y qué coño quieres de mí? – Mientras se oye una fuerte carcajada la silla comienza a darse la vuelta hasta dejar al descubierto la cara de la persona en cuestión. Levanto la cabeza y nuestras miradas se cruzan, no puedo creer lo que estoy viendo, la imagen que tengo ante mí es sin lugar a dudas la de mí hasta ahora malogrado y difunto amigo, aunque parece que no es tan difunto como yo creía. En ese mismo instante el dolor de mi cabeza comienza a ser insoportable y aunque lucho con todas mis fuerzas para mantener mi dignidad ante este grupo de semi-desconocidos finalmente no aguanto más y acabo besando el suelo.
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